Por: Mercedes Hernández Serralta . Almería diciembre 2011
Desgraciadamente la vida humana es frágil e incierta, no tenemos seguridad alguna del tiempo de que disponemos y gran parte de ese tiempo se dedica al cuidado y mantenimiento del cuerpo, a trabajar, a alimentarnos, a asearnos, a dormir, etc., en muchos casos también es necesario parte de ese tiempo para ayudar a otros, hijos, padres, parejas, mascotas. En realidad disponemos de muy poco tiempo libre y se usa para ver Tv, escuchar música, estar con los amigos o simplemente no hacer nada y de este modo se va la vida. Vamos consumiendo nuestro tiempo y energía y creando nuestra propia realidad, nuestro mundo.
Toda esta actividad constante permite el desarrollo físico, externo pero esto no es suficiente para que estemos felices, satisfechos, con menos problemas, menos sufrimientos.
Necesitamos también de un desarrollo interior, espiritual, un desarrollo del morador de ese cuerpo que tanto intentamos complacer. Para ello es necesario observarnos con atención, viajar al interior y del mismo modo que nos conocemos por fuera con todo detalle e intentamos siempre mejorar nuestro aspecto añadiendo esto o quitando esto otro, necesitamos también conocer todos los detalles que nos hacen ser la persona que somos, para poder mejorar, poner y quitar lo que más convenga, lo que nos dé mejores resultados, lo que nos traiga más felicidad. Esto es posible.
Porque la felicidad es lo que más anhelamos, lo que queremos mantener, sentir todo el tiempo. Todo ser la busca y quiere sentirla constantemente. Pero ¿lo que siento viene de fuera, de dentro, de ambos lados? ¿La felicidad es la misma para todos o es diferente, dependiendo de cada uno?
Cuando dedicas un día a hacer retiro lo que haces verdaderamente es ese viaje interior, aventura necesaria para descubrir todos los lugares fascinantes o terribles, desconocidos. Es difícil pararse e ir hacia adentro porque estamos totalmente imbuidos en nuestros mundos particulares y absortos por todo lo que nos rodea, reaccionando sistemáticamente como autómatas, como marionetas. Es necesario observarnos, observar como funcionamos, como reaccionamos, en qué cosas pensamos, qué nos hace felices o infelices. ¿Es duradera esa felicidad? ¿De donde viene? ¿Como la he conseguido? ¿Puedo hacer algo en relación con esto? ¿Cuándo me enfado soy feliz? ¿Puedo enfadarme menos?
Para conseguir algo en este sentido necesitamos observar, dedicar tiempo a este desafío de vivir, invirtiendo en una educación que nos pueda servir para todos los momentos de la vida, en un desarrollo interior que sea de ayuda cuando cambian las circunstancias, cuando se acaba el tiempo de hacer las cosas a las que nos dedicamos normalmente, relaciones, trabajos, juventud. Porque la vida debe ser algo más que proveernos de lo necesario y más, dormir y tener relaciones sexuales ¿no?, todo eso lo tiene mi perro sin mucha dificultad. Entonces, ahora que tenemos capacidad de discernimiento y todas las posibilidades a nuestro alcance deberíamos probar, regalarnos un día de relax, de descanso de lo cotidiano, de observación interior, con el objetivo de mejorar nuestra vida, de sentirnos mejor por haber hecho algo en una dirección positiva que nos aporte estabilidad, seguridad. Cuando se conoce el terreno que se pisa todo es mucho más sencillo, más fácil y relajado.
Es posible parar la actividad neurótica, ralentizar la marcha, sólo por un día. Tenemos esa libertad, nadie nos obliga a no parar. Somos nosotros quienes nos hemos impuesto el ritmo y el escenario, así que es solo cuestión de querer. Solo así es posible la experiencia.