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MURAL 1: Campo de Méritos

El Campo de Méritos es una representación de todos los seres que nos ayudan a seguir el camino espiritual. Se les representa formando un árbol, llamado Árbol de Refugio, puesto que a todos ellos les pedimos refugio. Es el refugio seguro donde uno está protegido

MURAL 2: Deidades de larga vida (a la dcha. de MURAL 1, arriba)

Imágenes de seres que, al meditar en ellos, favorecen la longevidad, la vitalidad y la buena salud. Lama Tsongkhapa, Tara Blanca, Buda Amitayus, Ushnishavijaya (de izqda. a dcha.) Alrededor de cada una de las imágenes principales hay ciento ocho Budas de larga vida, puesto que, el 108 es un número auspicioso en el budismo.

MURAL 3: Mandala de los Cinco Sanadoner Supremos (a la dcha. del MURAL 1, debajo)

Esquema de la meditación NgalSo.

El mandala de los Cinco Sanadores Supremos en unión con las Cinco Grandes Madres de los Elementos, que simboliza la unión de la compasión (figuras masculinas) con la sabiduría (figuras femeninas).

En medio de ambos mandalas, hay otros dos:

El mandala de los cinco lotos. En la meditación NgalSo se visualiza cómo se van abriendo cinco lotos en nuestros cinco chakras o centros de energía principales, desbloqueándolos de esta manera simbólica. (arriba)

El mandala de los símbolos de los cinco Sanadores Supremos: la rueda del Dharma, el vajra, la joya que concede todos los deseos, la flor de loto y el doble vajra. (abajo)

MURAL 4: Breve biografía de Buda Shakyamuni (a la dcha de MURAL 2)

Hace unos 2 500 años, vivió en la India un príncipe llamado Siddharta Gautama. Nació en el reino de Kapilavastu, en el norte de la India (actual Nepal), hijo del rey Suddhodana, gobernante del clan de los shakyas, y de la reina Mayadevi.

Los sabios brahmanes vaticinaron que llegaría a ser un gran gobernante o un gran maestro espiritual. Temiendo perder a su heredero si decidía seguir el camino espiritual, el rey Suddhodana rodeó a Siddharta de placeres y lujos, tratando de retenerlo siempre en el palacio, aislado del mundo. A pesar de sus esfuerzos, Siddhartha salió varias veces a la ciudad y vio cuatro cosas que cambiaron su vida: un anciano, un enfermo, un muerto y un monje. Enterarse de que la vejez, la enfermedad y la muerte eran el destino inevitable de todos los seres humanos lo conmovió profundamente y decidió, a los 30 años de edad, abandonar el palacio y emprender una búsqueda espiritual para encontrar solución al problema del sufrimiento humano.

Estudió con diversos maestros espirituales sin encontrar respuesta a sus incertidumbres vitales. Después, con cinco compañeros, se consagró a una práctica ascética extrema, que lo llevó al borde de la inanición. Pero Siddharta continuaba insatisfecho. Se dio cuenta de que al renunciar al placer se había aferrado al extremo opuesto, al dolor y la mortificación. Y concibió la idea de un Camino Medio entre esos dos extremos.

Continuó entonces su búsqueda en solitario. Un día se sentó en meditación bajo una higuera sagrada ─que desde entonces pasó a conocerse como árbol bodhi, «árbol del Despertar»─, se sentó pues con la firme determinación de no moverse hasta haber comprendido de manera directa y experiencial la verdadera naturaleza del ser. Y, con la luz del alba, alcanzó esa comprensión profunda y se convirtió en un buda, una persona «plenamente despierta», a la edad de 35 años.

En un principio el Buda era remiso a enseñar lo que había descubierto porque su experiencia no podía comunicarse con palabras y temía que la gente malinterpretara su mensaje. No obstante, la compasión acabó por llevarlo a tratar de compartir su hallazgo.

En lugar de predicar doctrinas sobre la Iluminación, el Buda prefirió enseñar el camino de la práctica mediante el que todas las personas pueden llegar a despertar por sí mismas. Decía que no había que creer en nada que no se hubiera experimentado personalmente.

Hasta los 80 años, edad en que falleció, recorrió incansablemente las tierras del norte de la India y de Nepal, dando enseñanzas a seguidores muy variopintos, de todo tipo de orígenes sociales, que llegaron a contarse por miles.

ALGUNAS ESCENAS DE SU VIDA:

  1. El descenso de los cielos.
  2. La entrada en la en la matriz.
  3. El nacimiento.
  4. La consumación de las artes.
  5. Una vida de placeres en palacio, hasta los 29 años.
  6. La partida de palacio y la renuncia a los placeres.
  7. Los ejercicios ascéticos. Inició su búsqueda espiritual sometiéndose a enormes privaciones, siguiendo la vía ascética durante 6 años.
  8. La meditación bajo el árbol bodhi (la Iluminación o Despertar).
  9. La derrota de las hordas de Mara, el demonio que le tentaba.
  10. El logro del pleno Despertar.
  11. La puesta en movimiento de la rueda del Dharma: a petición de sus discípulos, en Benares, comenzó a enseñar el camino que había descubierto.
  12. El paso al En Kushinagara, a la edad de 😯 años, enseñó cómo abandonar el cuerpo.
MURAL 5: Muestra de respeto por los tres Vehículos del budismo  (bajo «breve biografía de Buda», izda)

A medida que el budismo se fue difundiendo por diversos países asiáticos, los habitantes de cada lugar fueron adaptando a su cultura la forma de presentarlo, conservando siempre la esencia de las enseñanzas. Esta evolución habría agradado al Buda, que siempre adaptaba sus enseñanzas a las capacidades y necesidades de cada discípulo.

En el mural se ven figuras representativas de los Tres Vehículos, las tres grandes escuelas del budismo: Theravada, Mahayana y Tantrayana.

MURAL 6: Tres grandes lamas (bajo «Breve biografía de Buda», centro)

Estos lamas son algunos de los principales maestros de las generaciones pasadas de nuestra tradición. De izquierda a derecha: Pabongka Rinpoche (1878-1941), Gyalwa Ensapa (1505-1566), Demo Gonsar Rinpoche (1930-2005).

MURAL 7: Seis ornamentos y dos excelentes en el continente sur. Grandes comentaristas indios de las enseñanzas de Buda

Están aquí representados grandes filósofos budistas indios de la tradición Mahayana, cuyas obras han continuado siendo materia de estudio y de meditación en los centros budistas y monasterios de todo el mundo hasta nuestros días.

MURAL 8: Tierra pura de Akanista

(1º desde arriba de los 4 murales pequeños que están uno sobre otro)

Las tierras puras son, de acuerdo con la tradición, ámbitos de existencia sutiles, no muy alejados de nuestro mundo, que están habitados por seres plenamente realizados como budas y bodhisattvas, así como por otros seres que han reunido suficientes méritos para ir a ellas y seguir avanzando, en ese lugar propicio, hacia el Despertar. Pero no son un lugar donde se viva eternamente, como el paraíso cristiano. Quienes las habitan pueden ir a otros mundos donde se necesita su ayuda, volviendo a reencarnarse, por ejemplo, en la Tierra.

MURAL 9: Encarnaciones previas del Protector de la Paz Interna y Mundial Vajra Vegavan

(2º desde arriba de los 4 murales que están uno sobre otro)

Según el budismo tibetano tradicional, existen toda una serie de seres ─algunos terrenales, otros míticos y otros celestiales─ cuya función es proteger el Dharma, las enseñanzas budistas en general, regiones, monasterios, tradiciones religiosas concretas, o incluso textos sagrados específicos.

MURAL 10: El camino para desarrollar quietud mental estable (samata) según Kyabje Trijang Rinpoche (3º desde arriba de los 4 murales que están uno sobre otro)

Mediante la meditación, la mente va ascendiendo desde un estado más oscuro y denso hacia un estado cada vez más claro y sutil de serenidad estable.

MURAL 11: La rueda de las existencias (4º desde arriba de los 4 murales que están uno sobre otro)

Representación de la visión budista de la existencia: un ciclo por el que vamos pasando de vida en vida impulsados por nuestro karma. El karma son nuestros actos (lo que hacemos con el cuerpo, la palabra y la mente) y la ley del karma dice sencillamente que nuestros actos tienen consecuencia y van modelando nuestro futuro.

La rueda, sujeta por las fauces de Yama, el dios de la muerte, se compone de tres círculos concéntricos. En el central están representados los tres venenos mentales que hacen girar la rueda, aprisionando al individuo en el ciclo de existencias: la ignorancia (el cerdo), el deseo y el apego (la gallina), y la ira y el odio (la serpiente). En el círculo intermedio se representan las seis categorías de seres en que se puede renacer: dioses, semidioses, humanos, animales, espíritus ávidos y seres infernales.

 

Son los seis mundos del samsara, unos mucho más agradables que otros, pero todos sujetos al sufrimiento, a la mortalidad y al renacimiento.En el círculo exterior están los doce factores de los que depende la continuidad de la existencia en el samsara, a los que se llama doce vínculos del surgimiento dependiente. Cada uno lleva al siguiente, hasta que se cierra la rueda y todo vuelve a empezar. Se representan mediante figuras alegóricas y son los siguientes:

La ignorancia (un ciego), Los impulsos kármicos (un alfarero), Las conciencias (un mono), El nombre y la forma (dos hombres en una barca), Los campos de expansión de los sentidos (una casa próspera), El contacto (un hombre y una mujer enlazados), La sensación (una flecha que se clava en el ojo), El deseo (un borracho), El aferramiento (una persona recogiendo fruta), El devenir (una embarazada), El nacimiento (un alumbramiento), El envejecimiento y la muerte (un cadáver conducido a la cremación).

MURAL 12: Manifestación de los milagros de Buda en Shravasti (continúa en el Mural 1 de la pared 4)

Cuenta la tradición que, en respuesta al reto lanzado por seis maestros heréticos que pretendían desacreditarle demostrando que ellos tenían más poder, Buda Shakyamuni realizó una serie de portentos a lo largo de quince días, en presencia de varios gobernantes del norte de la India y de enormes multitudes. Estas manifestaciones milagrosas sirvieron al Buda para dar profundas enseñanzas que calaron en las mentes de quienes las presenciaron.

Se puede identificar algunos de los milagros en los murales:
1. Hacer crecer un árbol gigantesco de un palillo de dientes;
2. Hacer surgir montañas de la nada;
3. Crear un lago del agua que escupió después de enjuagarse la boca;
4. Crear un estanque del que surgían arroyos que transmitían enseñanzas con su sonido;
5. Despedir una inmensa luz desde su cuerpo que llenó el mundo entero;
6. Conceder temporalmente el poder de leer los pensamientos de los demás a todos los presentes;
7. Convertir a todos los presentes en chakravartins (reyes del universo que defienden el Dharma);
8. Convocar a cinco demonios que espantaron a los seis maestros heréticos;
9. Expandir su cuerpo hasta el cielo de Brahma;
10. Expandir su cuerpo hasta los confines del samsara;
11. Emanar luz dorada desde su cuerpo invisible;
12. Cubrir todos los mundos con una luz sanadora que emanaba de su cuerpo;
13. Irradiar rayos de luz en cuyos extremos había budas que daban enseñanzas;
14. Convertir las flores de las ofrendas que le presentaron en carruajes hechos de joyas preciosas;
15. Llenar recipientes vacíos con manjares de cien gustos diferentes para que comiera toda la muchedumbre.

MURAL 13: Los 84 mahasiddhas

Mahasiddha (sánscrito) significa «gran realizado» y es el nombre con que se conoce a una serie de eminentes maestros indios que aparecieron entre el siglo VII y el XII y establecieron las enseñanzas del budismo tántrico. Vivían al margen de los grandes y florecientes monasterios, en los que los eruditos tendían a hundirse en disquisiciones metafísicas y donde se concedía una importancia excesiva a los rituales. El estilo de los Mahasiddhas era diferente, vivían en el mundo, cada cual a su manera, sin atenerse a las convenciones sociales, y enseñaban más a través de su propia vida que predicando. Hay entre ellos reyes y ministros, sacerdotes y yoguis, poetas y músicos, artesanos y granjeros, amas de casa y prostitutas.

En el centro del mural, vemos a Lama Gangchen como un Mahasiddha. ¿Por qué? Su intención y su forma de estar en el mundo coincidieron siempre con la de los Mahasiddhas del pasado: estaba en contacto continuo con sus seguidores y amigos, enseñando a través de la vida que llevaba, adaptada al mundo moderno, que este puede transformarse desde dentro, sin necesidad de apartarse de la sociedad, trabajando para crear paz interior y paz en el mundo en el día a día.

MURAL 14: Ruegos a los 16 arhats para la larga vida del guru

Los arhats son seres que han alcanzado la liberación personal del ciclo de las existencias (samsara), un paso muy importante en el camino de la Iluminación.

MURAL 15: Mujeres despiertas y maestras de las tradiciones Theravada, Mahayana y Vajrayana

Aquí se representa a ocho mujeres despiertas o iluminadas para honrar a través de ellas a las aproximadamente ochocientas mujeres a las que se reconoce haber alcanzado el Despertar.

El budismo no favorece a los hombres sobre las mujeres como pueda pensarse en Occidente; sencillamente, en las culturas orientales ─y en esto no se distinguen de las occidentales─ han tenido mayor visibilidad los hombres, algo que está cambiando en nuestros tiempos y que empieza a reflejarse en las tradiciones espirituales.

Algunas de estas mujeres fueron princesas, como Mandarva, que está en el centro; otras, amas de casa, artesanas, compañeras de grandes maestros, etc.

Fundación Himalaya
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